La noche del sábado 20 de diciembre no solo fue otro concierto más de Bad Bunny en la Ciudad de México: fue el escenario perfecto para que el espectáculo, la fama y la viralidad se alinearan. En el penúltimo show de su residencia en el Estadio GNP Seguros, el puertorriqueño volvió a activar “La Casita”, el espacio más codiciado del tour, y ahí colocó a tres nombres que acaparan reflectores dentro y fuera del país: Eiza González, Diego Boneta y Luis Gerardo Méndez.
Bastaron unos segundos en las pantallas gigantes para que el estadio entendiera que no se trataba de invitados cualquiera. Las cámaras los enfocaron, el público los reconoció de inmediato y el momento quedó sellado como uno de los más comentados de la residencia. En cuestión de minutos, los clips ya circulaban en TikTok, Instagram y X, alimentando la conversación sobre quiénes representan hoy el rostro global del entretenimiento mexicano.
“La Casita” no es un palco VIP tradicional. Es una extensión narrativa del show de Bad Bunny: una casa puertorriqueña montada dentro del escenario donde cada aparición está pensada para provocar reacción inmediata. Estar ahí significa visibilidad total y un pase directo a la viralidad. Por eso, cada invitado se convierte automáticamente en tema de conversación.
La escena subió de nivel cuando Eiza González se levantó de su asiento y se puso a bailar junto a Bad Bunny durante “VeLDÁ”. El gesto desató gritos, aplausos y una lluvia de videos grabados desde todos los ángulos posibles. Mientras tanto, Diego Boneta —quien ya había pasado por “La Casita” días antes acompañado de Renata Notni— confirmó su cercanía con el proyecto, y Luis Gerardo Méndez optó por un perfil más relajado, disfrutando el show y documentando el momento.
El contexto también jugó a favor del impacto. Se trataba del penúltimo concierto de una residencia histórica en la capital, lo que elevó la sensación de estar presenciando algo irrepetible. Para rematar, Bad Bunny sorprendió al interpretar “Mojabi Ghost”, canción que adelantó no volverá a cantar en lo que resta del tour, convirtiendo esa noche en una pieza de colección para los asistentes.
Aunque los rumores no tardaron en aparecer, lo confirmado es claro: no hubo anuncios de colaboraciones ni cameos planeados. La fuerza del episodio estuvo precisamente en su espontaneidad y en la conexión natural entre el artista y el talento mexicano. Por eso el fandom reaccionó con orgullo y entusiasmo, celebrando ver a figuras nacionales en el centro de un espectáculo global.
Más allá del concierto, el mensaje es evidente: los shows de Bad Bunny en México ya funcionan como eventos culturales donde música, cine y televisión se cruzan en tiempo real. “La Casita” es el detonador y noches como la del 20 de diciembre confirman que el impacto va mucho más allá del perreo.

















