Después de días de absoluto hermetismo y versiones que crecían como bola de nieve, Julio Iglesias finalmente decidió mover ficha. El cantante, señalado por dos ex empleadas domésticas por presuntas agresiones sexuales y abusos de poder, envió un mensaje breve pero contundente que ya retumba en el mundo del espectáculo: asegura que todo se esclarecerá y que no piensa quedarse de brazos cruzados.
Aunque no ha dado la cara frente a las cámaras, el intérprete eligió a la revista ¡HOLA! como canal para fijar su postura. Desde su residencia, y acompañado de un sólido equipo legal, Iglesias estaría analizando cada paso con lupa mientras la presión mediática aumenta. Los testimonios que lo señalan describen un ambiente oscuro dentro de sus propiedades, al que las denunciantes han bautizado como “la casita del terror”, un término que ha encendido aún más la polémica.
Personas cercanas al artista aseguran que no está listo para una entrevista pública extensa, pero sí enfocado en armar su defensa. Saben que el golpe no es menor: su prestigio internacional, construido durante décadas como símbolo de romanticismo y elegancia, hoy enfrenta uno de sus momentos más frágiles. Iglesias, según su entorno, se dice tranquilo, firme y convencido de que las acusaciones no tienen sustento.
El cantante también se habría mostrado dolido y traicionado por quienes, asegura, formaron parte de su círculo de confianza durante años. Su defensa apuntaría a desmontar los relatos y a demostrar que detrás de las denuncias habría intereses económicos, una línea que buscará sostenerse con pruebas y testimonios.
El escándalo no solo amenaza su imagen, sino también sus proyectos. La esperada bioserie sobre su vida quedó en pausa mientras productores y plataformas observan con cautela el desarrollo legal del caso. Por ahora, Julio Iglesias opta por el perfil bajo, mientras la opinión pública se divide entre la incredulidad, la decepción y la expectativa por lo que venga después.
















