El Super Bowl LX no solo dejó touchdowns y espectáculo musical; también regaló una postal que encendió el radar del chisme internacional. Kim Kardashian y Lewis Hamilton fueron captados juntos en las gradas del Levi’s Stadium, compartiendo el partido como si se tratara de una cita discreta… aunque de discreta tuvo poco. Las cámaras los encontraron entre risas, charlas al oído y una cercanía imposible de ignorar.
La empresaria y el piloto británico no intercambiaron gestos románticos evidentes, pero la química fue más que suficiente para que las redes hicieran su trabajo. Sentados uno junto al otro, cómplices y relajados, parecían más pareja que simples conocidos, y eso bastó para reavivar las sospechas que llevan semanas persiguiéndolos.

El runrún comenzó tiempo atrás, cuando ambos coincidieron en Estelle Manor, un exclusivo refugio en los Cotswolds frecuentado por celebridades que buscan escapar de los flashes. Aunque llegaron por separado, trascendió que habrían compartido una cena privada, un masaje en pareja y espacios reservados solo para ellos. Salieron por puertas distintas, sí, pero el daño —o el chisme— ya estaba hecho.
Lo curioso es que esta historia no nace de la nada. Kim y Hamilton se conocen desde hace más de diez años y han coincidido en eventos de alto perfil, pero nunca habían sido vistos con tanta frecuencia ni en contextos tan íntimos. Su aparición conjunta en uno de los eventos más vistos del planeta solo echó gasolina al fuego. Mientras ellos guardan silencio, el entorno cercano de Kardashian, según reportes, aprueba esta nueva etapa, aunque prefieren mantener todo bajo bajo perfil.
Confirmación no hay, pero cuando dos figuras de ese tamaño aparecen juntas en el escaparate más grande del mundo, la palabra “casualidad” suena bastante optimista.















