De apellido pesado y reflectores asegurados, pero con pasos propios, Emily Cinnamon Álvarez dejó claro que lo suyo no es el boxeo, sino la pasarela. La hija de Saúl Álvarez se adueñó de uno de los momentos más codiciados de la New York Fashion Week al cerrar el desfile del diseñador Alonso Máximo, un honor reservado para la pieza estelar de cualquier colección.
No fue solo una caminata más. Emily apareció con el look final, ese que dicta el tono del show y se queda grabado en las cámaras. Y lo hizo envuelta en “Morelia Eterna”, una propuesta que mezcla nostalgia, memoria y amor incondicional, inspirada en los recuerdos personales del diseñador con su mascota. El resultado: un vestido que no solo se mira, se lee.

La prenda funcionó como un mapa simbólico de México. Bordados del Calendario Azteca hablaban del tiempo cíclico; un ajolote insinuaba regeneración y eternidad; colibríes y flores evocaban el alma y la fragilidad de la vida. También aparecían un cactus y una iguana, metáforas de resistencia y adaptación, mientras la luna coronaba el diseño como guía espiritual. Nada estaba puesto al azar. Cada color tenía intención: dorados para la lealtad, rojos y fucsias para la pasión, verdes y naranjas para el crecimiento, todo sobre un fondo blanco que remataba con elegancia.
Para muchos fue una revelación, pero Emily lleva años picando piedra. Desde la adolescencia ha participado en eventos y pasarelas en Jalisco, afinando presencia escénica y disciplina, habilidades que también cultiva en la equitación, otra de sus grandes pasiones. Aunque el apellido pesa, la joven ha optado por construir su propia narrativa lejos del cuadrilátero.
Su paso por Nueva York no solo fue trabajo. Entre fittings y ensayos, también recorrió íconos de la ciudad, sumando experiencia en una de las capitales mundiales de la moda. Con este cierre de pasarela, Emily Álvarez deja de ser “la hija de” para empezar a sonar como nombre propio.















