La muerte del legendario salsero Willie Colón provocó una despedida que difícilmente se olvidará en Nueva York. El icónico trombonista y compositor, considerado uno de los pilares de la salsa moderna, fue homenajeado por cientos de seguidores que se congregaron frente a la Catedral de San Patricio para despedirlo con la música que marcó su historia.
El artista falleció el pasado 21 de febrero de 2026 a los 75 años, luego de permanecer hospitalizado por complicaciones respiratorias. Su familia confirmó la noticia mediante un mensaje en redes sociales, donde informaron que el músico murió en paz acompañado de sus seres queridos, lo que provocó una oleada de mensajes de admiración y despedida desde distintos rincones del mundo.
Días después, la ciudad que vio nacer gran parte del movimiento salsero fue escenario de su último adiós. En la emblemática catedral de Manhattan se celebró una misa fúnebre pública a la que acudieron familiares, amigos y seguidores. Durante la ceremonia, sus hijos compartieron emotivas palabras en inglés y español para recordar la trayectoria y el legado del músico.
Sin embargo, el momento más simbólico ocurrió al terminar el acto religioso. En las calles cercanas al templo, decenas de músicos y admiradores sacaron trombones, trompetas y otros instrumentos para rendir tributo al artista con una improvisada fiesta salsera.
Entre los temas que resonaron frente al templo destacaron clásicos como La Murga, Che Che Colé e Idilio, mientras la multitud cantaba y aplaudía convirtiendo la despedida en una mezcla de duelo y celebración.
La escena reunió a seguidores de distintas generaciones y nacionalidades. Entre la multitud ondeaban banderas latinoamericanas, especialmente de Puerto Rico y Ecuador, reflejando el impacto que tuvo la música de Colón en toda América Latina.
A lo largo de casi seis décadas de carrera, Willie Colón no solo destacó como trombonista, también fue compositor, productor y arreglista. Su trabajo ayudó a moldear el sonido de la salsa neoyorquina y lo llevó a colaborar con figuras clave como Héctor Lavoe y Rubén Blades, creando discos que hoy forman parte esencial de la historia de la música latina.
Por eso, para muchos de los asistentes, el sonido de los trombones frente a la catedral no fue únicamente un adiós, sino una última celebración del legado del llamado “Malo del Bronx”, cuyo ritmo seguirá resonando en la historia de la salsa.














