Por Antonio Aguilar
Morenistas apenas se recuperaban del regocijo de haber rechazado como militante a Jorge “El Travieso” Arce, cuando les llegó la buena nueva de la renuncia de Sergio Mayer a las filas del partido, cosa que propios y extraños celebraron, dado que el ex Garibaldi fue (como muchas y muchos otros) todo un lastre para la 4T.
Y es que nadie con tres dedos de frente se explica este tipo de admisiones en las filas de los partidos políticos, personajes que sólo son escándalo y cero propuesta, cero productividad y también cero votos (no aludimos a nadie).
Prueba de estos personajes que le hacen más daño a la política que el Tren Maya a la selva es el ídolo americanista que como político es muy buen futbolista, Cuauhtémoc Blanco; otro ejemplo es el polémico y eterno plurinominal Gerardo Fernández Noroña. En el blanquiazul figura la mismísima Lilly Téllez, quien nadie sabe cómo terminó metida en la política aportando nada más que puro escándalo.
Pero el campeón de campeones es el PRI, que inclusive es presidido por uno de estos especímenes: Alito Moreno, quien fuera de toda estrategia política factible que permita el revivir del dinosaurio, vive de la estridencia y el golpeteo.
En lo local, está bien fácil: la ex panista Martha Márquez Alvarado que sin ahondar en las polémicas, nadie sabe cómo terminó en Morena, pero para hacer show se pinta sola y eso hay que reconocerlo.
Y es que a muchos de estos ejemplos los tienen dentro de sus respectivos partidos políticos nada más para que hagan sus shows, cobrando muy bien por ello, lamentablemente, cuando muy bien sabemos que ni en las filas de sus partidos los toman en serio; es decir, Jorge Romero, líder del PAN jamás contemplaría a una Lilly Tellez como carta presidencial, derrota segura. Mismo caso el de Noroña, directo al basurero de la historia. Y qué decir de Alito, quizás él mismo votaría por él.
En lo local ya vimos que Martha Márquez no suma votos, aunque sí sube el rating de los debates con su peculiar estilo, es lo único que aportaría su eventual candidatura. En fin, nadie en su sano juicio debería postular a estos perfiles.














