La espera terminó y el regreso fue todo menos discreto. La legendaria banda AC/DC volvió a territorio mexicano después de 17 años de ausencia y lo hizo con una descarga de energía que convirtió al Estadio GNP Seguros en un auténtico templo del rock ante más de 65 mil asistentes que corearon cada acorde como si el tiempo no hubiera pasado.
Desde horas antes del concierto, los alrededores del recinto se transformaron en una romería rockera: camisetas negras, cuernos luminosos y filas interminables para conseguir mercancía oficial daban pista de que la noche sería histórica. Cuando las luces finalmente se apagaron, la banda apareció en el escenario con su alineación actual integrada por Angus Young, Brian Johnson, Stevie Young, Matt Laug y Chris Chaney, desatando una ovación ensordecedora.
El arranque fue fulminante con clásicos que encendieron al público desde los primeros segundos. La intensidad no bajó en ningún momento: el escenario se pintó de rojo durante algunos temas mientras el público saltaba sin descanso y distintas generaciones se unían en un mismo coro, demostrando que el legado de la banda sigue tan vigente como en sus mejores años.
Uno de los instantes más memorables llegó cuando resonaron los acordes de “Thunderstruck”, provocando un estallido colectivo que hizo vibrar cada rincón del estadio. El repertorio continuó con una avalancha de himnos que mantuvieron la adrenalina al máximo, entre juegos de luces, pantallas gigantes y una producción que convirtió cada canción en un espectáculo visual y sonoro.
La recta final fue pura euforia. Temas emblemáticos como “Highway to Hell” encendieron aún más el ambiente, mientras que los fuegos artificiales coronaron una despedida cargada de nostalgia y emoción. Muchos asistentes confesaron haber esperado este momento durante años, algunos desde que eran niños cuando la banda visitó México por última vez.
El cierre fue contundente, con canciones que ya forman parte de la historia del rock y que dejaron claro que, pese al paso del tiempo, AC/DC sigue teniendo la capacidad de sacudir multitudes y convertir cada presentación en una experiencia inolvidable.















