Anne Hathaway rompe el protocolo en CDMX y deja en segundo plano a Meryl Streep en plena fiebre por “El Diablo Viste a la Moda 2”

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La capital mexicana se convirtió en escenario de alto voltaje hollywoodense cuando Anne Hathaway y Meryl Streep aterrizaron en Coyoacán para arrancar con la promoción y grabaciones de la esperada secuela de El Diablo Viste a la Moda 2. Lo que comenzó como un simple rumor terminó desatando un auténtico caos entre fans y prensa, que se congregaron desde temprana hora para presenciar el encuentro de dos generaciones icónicas del cine.

El punto de reunión no fue cualquier locación, sino la emblemática Casa Azul, hogar de Frida Kahlo, que sirvió como telón de fondo para una jornada donde el arte mexicano y la moda internacional chocaron con fuerza. Dentro del recinto, ambas actrices participaron en un exclusivo evento rodeadas de figuras del mundo fashion nacional, en una estrategia que busca impregnar la nueva entrega con una identidad visual más arriesgada y cultural.

Sin embargo, el contraste entre las protagonistas no pasó desapercibido. Por un lado, Streep, fiel a su alter ego Miranda Priestly, hizo una aparición rápida, elegante y prácticamente intocable, resguardada por seguridad y sin detenerse a interactuar con la multitud. Su presencia fue breve, pero suficiente para confirmar que el proyecto apunta a ser uno de los más ambiciosos del año.

En el otro extremo estuvo Hathaway, quien decidió romper toda barrera. La actriz se acercó a los fans, firmó autógrafos y posó para fotos, en un gesto que encendió aún más la euforia colectiva. El momento cumbre llegó cuando, en medio del ruido, tomó la palabra en español y lanzó un “Estoy encantada de estar aquí” con sorprendente naturalidad, provocando una ovación inmediata.

La visita no solo forma parte de la promoción, sino también de un rodaje que busca integrar elementos del arte mexicano en la narrativa de la película. Y aunque ambas brillaron a su manera, fue Hathaway quien terminó adueñándose del foco mediático en una jornada que dejó claro que, en México, el carisma también dicta tendencia.