Por Antonio Aguilar
La clase política tiene esa tendencia de malinterpretar a las y los periodistas, en desconocer de qué se trata su trabajo y principalmente en considerarlos aliados o enemigos, cuando el papel del comunicador es apegarse a la objetividad e imparcialidad, o al menos en la teoría y para aquellos que se formaron en las aulas y se guiaron de verdaderos maestros del oficio ya en campo.
Prueba de ese garrafal error de las y los políticos es el cometido por Andrés Manuel López Obrador, quien durante sus más de 18 años de campaña previo a convertirse en presidente de México vio a diversas figuras del periodismo ser sumamente críticos con los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, entre ellos Carmen Aristegui, que junto con sus colaboradores Daniel Lízárraga, Irving Huerta, Rafael Cabrera, entre otros, sacaron a la luz un sinfín de historias turbias del poder y la corrupción, involucrando a ambos gobernantes, lo que inclusive provocó la persecución de la comunicadora.
En fin, ante este actuar de Aristegui (y otros periodistas de ese entonces, como Anabel Hernández), López Obrador sintió desde lo más profundo de su distorsionada realidad que si la periodista atacaba a sus adversarios, era porque simpatizaba con el tabasqueño. Enorme error, ya que tontamente ya como presidente y posterior a su mandato, creyó que Aristegui sería tapadera de cualquier situación de su gobierno o de aquellos emanados de su partido, es decir, que pensó que se convertiría en lo que (dice) fue Loret de Mola para Peña Nieto.
Ahora, la postura crítica de Aristegui (y otros periodistas) sigue siendo la misma que fue con Calderón y Peña Nieto y que será con cualquier gobernante, cosa que no le gustó a López Obrador y que incluso acusa a la periodista de que “se quitó la máscara” y la califica como “vocera de la derecha”. Qué lamentable postura del ex presidente.
Y esto aplica para todas y todos los políticos, ya que el periodismo no trabaja así, la postura crítica será la misma sin importar el color que gobierne, ya que si esto no es así, entonces no es periodismo, es mercantilismo.















