De villana de telenovela a escritora confesional: Nora Salinas reaparece y cambia los foros por las páginas

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Durante años su nombre fue sinónimo de melodrama, lágrimas en primer plano y ratings encendidos en horario estelar. Y de pronto, silencio. Nora Salinas, una de las caras más reconocibles de las telenovelas mexicanas, desapareció de los sets sin despedidas ni finales de temporada. Hoy, lejos de cámaras y libretos, regresa con un giro inesperado: ahora quiere contar historias, pero desde un libro.

La actriz reapareció públicamente para presentar “Las cascadas de mis ojos”, su primera obra editorial, con la que marca distancia de los reflectores que la acompañaron por décadas. En su visita a televisión nacional, dejó claro que esta etapa no tiene nada que ver con personajes ni maquillajes, sino con experiencias personales, emociones crudas y recuerdos familiares que llevaba tiempo guardando.

Para quienes crecieron viéndola en títulos como Carita de ángel, donde su entrañable “Tía Pelucas” se volvió parte de la cultura pop, o en éxitos como Fuego en la sangre y Esmeralda, el cambio sorprende. Nora fue durante años una apuesta segura del melodrama: villana, heroína o figura maternal, siempre presente en producciones de alto impacto. Por eso su ausencia generó rumores de todo tipo.

La realidad fue menos escandalosa, pero más dura. Problemas de salud, especialmente complicaciones respiratorias, y un proceso legal relacionado con la custodia de su hijo la obligaron a frenar el ritmo extenuante de las telenovelas, jornadas maratónicas que no daban tregua. La prioridad pasó de los llamados a las seis de la mañana a cuidar su estabilidad física y emocional.

En ese retiro forzado encontró otra forma de expresarse. “Las cascadas de mis ojos”, escrito junto a su madre, mezcla memorias, reflexiones y pasajes íntimos que hablan de resiliencia, familia y reconstrucción personal. No es una autobiografía clásica ni una novela de ficción pura, sino una especie de catarsis convertida en papel.

Por ahora, Nora Salinas no promete un regreso inmediato a la actuación, pero tampoco cierra la puerta. Mientras tanto, cambia los sets por firmas de libros y demuestra que, a veces, el drama más fuerte no se actúa: se escribe.