Eiza González se quita el maquillaje emocional y confiesa su batalla más dura: trastornos alimenticios desde los 13 años

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Las alfombras rojas pueden vender fantasías, pero no cuentan lo que pasa puertas adentro. Detrás del glamour, los flashes y los vestidos de diseñador, Eiza González ha librado una pelea mucho más íntima que cualquier casting: una batalla contra los trastornos alimenticios y la distorsión de su propia imagen que comenzó cuando apenas era una adolescente.

La actriz mexicana decidió abrir el corazón y contar que su relación con el espejo nunca fue sencilla. Lo que muchos veían como éxito y belleza, para ella era inseguridad constante. Desde los 13 años empezó a desarrollar conductas poco saludables con la comida, detonadas por una etapa emocionalmente devastadora tras la muerte de su padre.

En medio del duelo y la depresión, la comida se convirtió en refugio. El aumento de peso llegó rápido, pero más rápido llegó el juicio externo. Poco después, al integrarse al mundo del espectáculo siendo todavía menor de edad, quedó expuesta a un escrutinio brutal: comentarios sobre su cuerpo, críticas a su apariencia y comparaciones interminables.

Cada foto, cada aparición pública, se transformó en un examen. Esa presión fue moldeando una dismorfia corporal que la hacía verse al espejo con dureza extrema. Su autoestima comenzó a depender de la báscula y de encajar en estándares imposibles. La idea de “valer más” si pesaba menos se volvió una trampa mental difícil de romper.

Con el paso de los años, entendió que el problema no era físico, sino emocional. Buscar ayuda profesional fue clave. Terapia, trabajo interno y un cambio radical en la forma de hablarse a sí misma marcaron el inicio de un proceso de sanación que, admite, todavía continúa.

Hoy su prioridad ya no es cumplir expectativas ajenas, sino cuidar su salud y su estabilidad. La actriz insiste en que el verdadero cambio llega cuando uno deja de castigarse y aprende a tratar su cuerpo con respeto, no como enemigo.

Su mensaje final no es de drama, sino de esperanza: nadie tiene que pelear esta guerra en silencio. Pedir ayuda no es debilidad, es supervivencia.