Mucho antes de enfundarse las garras de Wolverine y convertirse en uno de los actores más respetados del cine, Hugh Jackman tuvo un empleo que hoy parece sacado de una comedia incómoda: animaba fiestas infantiles vestido de payaso. Sí, el galán de musicales y alfombras rojas alguna vez fue “Coco”, un personaje improvisado que nació más por necesidad económica que por vocación artística.
El propio actor ha contado que el trabajo surgió sin plan ni preparación. Rentó un traje de payaso, convenció a un amigo y juntos comenzaron a ofrecer shows para cumpleaños, aunque no sabían hacer magia, globoflexia ni nada remotamente parecido a un espectáculo infantil. Básicamente eran dos tipos con maquillaje, entusiasmo y mucha fe.
Durante un tiempo lograron sobrevivir animando fiestas de niños pequeños, donde cualquier broma funcionaba. Pero la farsa se vino abajo cuando enfrentaron a un público más grande y exigente. Ahí, el desastre fue inevitable. Jackman recuerda que un niño gritó frente a todos: “Este payaso es un desastre”. A partir de ese momento, el show se convirtió en motín.

La situación escaló rápido: burlas, empujones y hasta huevos volando por los aires. El actor terminó pisoteado y derrotado, entendiendo que ese no era su camino. Fue el golpe de realidad que lo hizo abandonar el traje de payaso para buscar algo más serio.
Años después llegaría el teatro, los musicales, Hollywood y, finalmente, el fenómeno global que lo catapultó como estrella de acción. El contraste es brutal: del payaso improvisado al superhéroe millonario. Incluso en 2026, Jackman rescató una vieja foto caracterizado como “Coco”, riéndose de aquel pasado que hoy funciona más como anécdota que como trauma.
La historia, lejos de avergonzarlo, se convirtió en prueba de que hasta las grandes figuras empezaron haciendo malabares… aunque fueran bastante malos.
















