José Madero dejó claro que ya no es promesa ni recuerdo: es presente absoluto. El exvocalista de PXNDX conquistó el Estadio GNP Seguros con “Érase una bestia”, un concierto monumental que reunió a más de 60 mil personas y que logró sold out incluso antes de que llegara el gran día. Ciudad Deportiva se transformó en territorio maderista desde tempranas horas, teñida de morado en alusión a Sarajevo, su más reciente producción discográfica.
Desde la tarde, los alrededores del estadio comenzaron a vibrar con la llegada de los seguidores, quienes recorrieron el Pop Up Experience dedicado a su carrera. A las nueve en punto de la noche, el espectáculo arrancó con puntualidad quirúrgica y se extendió por casi cuatro horas, un maratón musical de 45 canciones que confirmó la devoción de su público.

Tres pantallas gigantes acompañaron el recorrido visual del show, reforzando cada etapa del concierto. El arranque fue explosivo con Campeones del mundo, seguido por una serie de temas que repasaron su evolución como solista. Sin nostalgia forzada ni menciones al pasado incómodo, Madero recordó sus inicios con una frase contundente: diez años después, estaba de pie en uno de los recintos más grandes del país.
El concierto fue mutando de intensidad. Hubo momentos íntimos con ukelele, guiños al regional mexicano con la aparición del Mariachi Juvenil de Tepatitlán y una descarga emocional cuando llegaron las canciones de Panda. Narcisista por excelencia provocó un rugido colectivo que cimbró el estadio y dejó claro que esa herencia sigue viva entre su audiencia.
La noche también tuvo espacio para la cercanía. Madero compartió escenario con Zaira Báez, su corista, en Dafne, y más tarde ofreció un bloque acústico que permitió respirar entre emociones. En otro giro inesperado, rindió tributo a las bandas que marcaron su infancia con covers de Poison y Cinderella, mostrando las raíces de su ADN rockero.

La recta final fue intensa y simbólica. Vestido de negro, con un único cambio de vestuario que incluyó una camisa de fuerza, interpretó Sinmigo y otras piezas cargadas de dramatismo. Antes del cierre, confesó lo que significaba ensayar Ojalá: la señal de que el show estaba por terminar. Tras 44 canciones, el cansancio era evidente, pero también la satisfacción.
Soy el diluvio cerró una noche histórica. Madero agradeció a su equipo, a los músicos que lo han acompañado durante una década y a su público, con quienes selló el momento con una fotografía desde el escenario. Además, dejó caer una bomba que encendió aún más a sus seguidores: ya trabaja en un nuevo álbum.
Entre gorras y chamarras con la frase “México vs José Madero”, quedó claro que la polémica sigue siendo parte de su identidad. Y mientras algunos aún lo discuten, 60 mil personas ya dictaron sentencia: José Madero es uno de los nombres más poderosos del rock mexicano actual.

















