Lo que parecía un simple cambio de etapa terminó destapando algo mucho más oscuro. Momo Guzmán, el creador detrás del irreverente fenómeno de La Burrita Burrona, anunció una pausa indefinida de sus cuentas personales luego de una ola de acoso digital y amenazas que, según confesó, volvieron su día a día “insostenible”. El comediante, acostumbrado a la risa fácil y al doble sentido, ahora habla en tono serio: ya no es hate, es miedo.
La decisión llega justo cuando intentaba reinventarse. Tras cerrar el ciclo de cuatro años con su personaje más famoso, apostó por un proyecto nuevo, La Logia de las Reales, con el que planeaba relanzar su carrera y presentar otra faceta creativa. Pero entre rumores de conflictos, críticas divididas y la presión constante del escrutinio público, el reflector se convirtió en lupa… y la lupa, en amenaza.

Momo fue claro: no está cancelando su trabajo, está protegiéndose. Separó al artista del ser humano. El show puede seguir, dijo, pero la persona necesita respirar. “Esta pausa es para mí”, explicó, recordando que detrás del maquillaje, el personaje y los chistes hay alguien que también se cansa de aguantar golpes virtuales.
Su salida reabrió una conversación incómoda en redes: hasta dónde llega el entretenimiento y dónde empieza la violencia disfrazada de opinión. Porque cuando el aplauso se transforma en linchamiento digital, ni el influencer más ácido aguanta el round.
















