El mundo de la televisión noventera amaneció con un golpe directo al corazón. Robert Carradine, recordado por toda una generación como el entrañable papá de la serie Lizzie McGuire, falleció a los 71 años, según confirmó su familia en un comunicado. Detrás de la imagen cálida del padre perfecto en pantalla, el actor llevaba años enfrentando una lucha silenciosa contra el trastorno bipolar y otros problemas de salud mental.
Cariñosamente llamado “Bobby”, fue descrito por los suyos como el alma luminosa de la casa, el tipo que hacía reír a todos incluso en los días grises. Sin embargo, tras casi dos décadas batallando con su condición, terminó por quitarse la vida. Sus familiares decidieron hacerlo público no desde el morbo, sino como una forma de romper el estigma y abrir la conversación sobre enfermedades mentales que muchas veces se padecen a escondidas.

La noticia sacudió también a sus compañeros de pantalla. Hilary Duff, quien interpretó a su hija en la ficción, compartió fotos y recuerdos, asegurando que siempre se sintió protegida por él durante el rodaje. Su despedida fue directa y dolorosa: agradecimiento, cariño y tristeza por saber que su “papá televisivo” estaba sufriendo tanto.
Más allá de Revenge of the Nerds y otros títulos de culto, Carradine pertenecía a una dinastía histórica de actores en Hollywood, pero quienes lo conocieron insisten en que su mayor legado no está en los créditos, sino en su carácter generoso. Hoy le sobreviven su esposa, hijos y nietos, mientras la familia pide privacidad para atravesar el duelo.

Su partida deja una mezcla de nostalgia y reflexión: el hombre que hizo de papá para millones también necesitaba ayuda. Y esa conversación, dicen los suyos, es la que no debe apagarse.
Si tú o alguien cercano necesita apoyo emocional, buscar ayuda profesional puede marcar la diferencia. No tienes que atravesarlo solo.















