La escena urbana mexicana perdió a uno de esos nombres que no siempre salían al frente del escenario, pero que movían los hilos detrás del telón. Óscar Botello, mejor conocido como Milkman, falleció el 12 de febrero en la Ciudad de México tras enfrentar una severa crisis de salud que lo mantuvo hospitalizado durante días en terapia intensiva.
Regiomontano de nacimiento y criado entre Monterrey y Texas, Milkman creció respirando hip hop. Desde joven entendió que lo suyo no era solo rapear, sino construir universos completos: sonido, estética, imagen y concepto. Esa mezcla lo convirtió en una figura de culto dentro de la escena independiente de México y Estados Unidos.
Bajo su alias lanzó proyectos como “Milkstape” y “Fresco”, materiales que lo posicionaron como un referente alternativo lejos del mainstream. Pero su talento no se quedó en el micrófono. También se movía como pez en el agua en el diseño, la dirección creativa y el branding musical. Incluso formó parte de la banda She Is a Tease, ampliando su huella más allá del rap.


Uno de sus golpes más fuertes en la industria llegó cuando se convirtió en director creativo de Energía, el disco que ayudó a consolidar la imagen global de J Balvin. Aunque su trabajo era más de escritorio que de reflectores, su visión estética terminó marcando una etapa clave del reguetón latino.
Su estado de salud se complicó a finales de enero, cuando sufrió una hemorragia interna que obligó a hospitalizarlo de emergencia. Fue intervenido varias veces y permaneció entubado. Ante los altos costos médicos, familiares y amigos organizaron una colecta en GoFundMe, logrando reunir más de un millón de pesos para cubrir gastos hospitalarios. Aun así, no logró recuperarse.
La noticia sacudió especialmente a Belinda, amiga cercana y colaboradora del creativo en el tema “Sueño de ti”. Durante su hospitalización pidió apoyo y oraciones; tras su muerte, le dedicó un mensaje lleno de cariño, recordándolo como uno de los artistas más talentosos que conoció.
Más que un rapero, Milkman fue un arquitecto cultural. De esos que diseñan portadas, conceptos, sonidos y carreras enteras sin buscar aplauzos. Su legado queda repartido entre discos, campañas, visuales y una generación que aprendió que el hip hop también se piensa y se dibuja.
















