La muerte de Pedro Torres no solo dejó luto, también un debate incómodo y mucho morbo. El legendario productor de realities como Big Brother y Operación Triunfo falleció el pasado 30 de enero a los 72 años, tras luchar contra la esclerosis lateral amiotrófica, pero fiel a su estilo, no se fue en silencio: planeó su despedida como si fuera el último gran proyecto de su carrera.
Durante el funeral, algunas imágenes de familiares posando junto al féretro desataron críticas en redes, aunque todo apunta a que nada fue improvisado. Según reveló el periodista Alberto Tavira, quien lo acompañó en sus últimos días, Torres quería que sus horas finales quedaran registradas en video. Incluso ya trabajaban en un libro y en un documental que narraría, casi minuto a minuto, la recta final de su vida. Su frase fue tan cruda como honesta: “esto va a generar mucho rating”. Sin pudor, se asumía ególatra y confesaba que le fascinaba que su historia siguiera siendo vista.
También dejó todo en orden a nivel legal: firmó su voluntad anticipada y dio instrucciones claras sobre cómo quería morir y cómo debía ser su último adiós. Más que un adiós íntimo, buscaba una despedida documentada, casi televisada, como si la vida fuera un set que nunca se apaga.
En lo personal, el golpe más duro fue para su hija menor, Emilia, quien se quebró al conocer el diagnóstico. Sin embargo, la familia, según Tavira, cerró filas desde el amor para acompañarlo hasta el final. Su hermano David contó que, en una reunión familiar, Pedro se despidió con serenidad y decidió desconectarse para no prolongar el sufrimiento.
Hasta el último segundo, Pedro Torres pensó como productor: si la vida fue un show, su final también tenía que tener audiencia.
















