Susana Zabaleta vuelve a abrazar al público y lanza mensajes que incomodan: catarsis, límites y poder femenino

Comparte en:

Después de dos años de ausencia, Susana Zabaleta retomó uno de los ejercicios más íntimos y simbólicos de su carrera: el performance Los abrazos. El reencuentro ocurrió en el Museo Soumaya, donde la soprano se entregó durante casi seis horas a un intercambio directo y emocional con el público, sin escenario ni intermediarios.

La dinámica fue tan simple como poderosa. Personas de todas las edades hicieron fila para recibir un abrazo largo, consciente y sin prisas. Algunos aprovecharon el momento para decirle algo al oído; otros prefirieron el silencio absoluto y dejar que el contacto hablara por sí solo. Cada encuentro fue distinto, pero todos cargados de emoción.

Antes de comenzar, Zabaleta explicó que este performance, creado en 2013, nace desde una necesidad profunda de conexión humana. Para ella, abrazar también implica aceptar el enojo, la tristeza y la fragilidad como partes inevitables del proceso de estar vivos. No se trata de negar el dolor, sino de atravesarlo.

La artista describió Los abrazos como un regalo para quienes han pasado por momentos duros. Un recordatorio de que nada es permanente y de que incluso las experiencias más difíciles dejan aprendizajes. En su visión, cada abrazo es una promesa silenciosa de que todo se transforma.

Emanuel Reyes, quien viajó desde Tampico y fue el primero en participar, describió la experiencia como revitalizante. Aseguró que el abrazo le cambió el ánimo y que la energía de Zabaleta se siente protectora, casi sanadora.

En el plano personal, la cantante habló sin rodeos sobre el año que dejó atrás. Reconoció que 2025 fue complicado, pero también decisivo para aprender a soltar lo que no suma. Dijo que a veces la vida avisa cuando ya no es ahí, y que escuchar esas señales también es un acto de amor propio.

Con esa claridad, Zabaleta se mostró optimista frente a 2026. Afirmó que es un año que siente suyo, cargado de amor, alegría y ganas de devolverle al público todo lo que ha recibido a lo largo de su trayectoria.

También abordó los recientes desencuentros con la prensa, asegurando que de esas situaciones se aprende. Reconoció errores, habló de límites y reiteró su respeto por los medios, a los que dijo admirar y con los que ha crecido profesionalmente.

Finalmente, la soprano se pronunció sobre las acusaciones de abuso que han surgido en torno a Julio Iglesias. Su postura fue contundente: aseguró que el patriarcado ya no tiene cabida y que las mujeres no están exagerando, sino marcando un alto definitivo a la falta de respeto. Para ella, el mensaje es claro: los límites ya no son negociables.