La madrugada del 29 de marzo en Tijuana pasó de celebración a pesadilla en cuestión de segundos. Un evento privado que prometía música y ambiente festivo terminó convertido en una escena de violencia cuando el vocalista de Grupo Reacción fue asesinado a balazos en pleno escenario.
El grupo había sido contratado para amenizar un cumpleaños en un salón de la colonia Ciudad Jardín. Todo transcurría con normalidad hasta que, según testigos, el propio festejado comenzó a disparar al aire, desatando confusión entre los asistentes. Lo que parecía una imprudencia escaló rápidamente: el arma se dirigió hacia los músicos y se detonaron múltiples disparos contra ellos.
La víctima fue Arturo Rivera, conocido como “El Pollo”, quien murió en el lugar tras recibir impactos directos. Otro integrante de la agrupación, un joven de 24 años, resultó herido y fue trasladado a un hospital, donde se reporta fuera de peligro. En la escena se localizaron varios casquillos, evidencia de la violencia con la que se desarrolló el ataque.


Rivera no solo era la voz principal del grupo, también formaba parte esencial de su identidad desde hace años, ganándose el reconocimiento dentro del regional mexicano por su cercanía con el público y su actividad constante en redes sociales. Su muerte ha generado consternación entre colegas y seguidores, especialmente en la escena musical del norte del país.
Uno de los elementos que ha llamado la atención en la investigación es que el contrato del evento se habría realizado directamente por redes sociales, sin intermediarios, y que minutos antes del ataque el ambiente parecía completamente normal, incluso con videos publicados por el anfitrión.
Tras los hechos, las autoridades iniciaron las investigaciones correspondientes para localizar al responsable, quien huyó del lugar. El caso ha vuelto a poner sobre la mesa los riesgos que enfrentan los músicos en presentaciones privadas, donde la informalidad puede convertirse en un factor de vulnerabilidad.















