Por Antonio Aguilar
“Quincear” ese término popular entre el alumnado cuando a la espera de una clase y la no llegada del docente se optaba por abandonar el aula transcurridos los 15 minutos “de ley”. Pues esos malos ejemplos (de llegar tarde) muchos políticos se los llevaron a su ejercicio e hicieron de la impuntualidad su modo de vida, sin miedo a que los vayan a “quincear”, ya que desde reuniones, eventos y sesiones del Congreso, nadie se va atrever a dejar solo a determinado personaje que llega 30 minutos, una o hasta dos horas tarde.
En fin, dejando de lado casos más extremos de funcionarios que llegar tarde es su pasión, por el momento nos enfocaremos únicamente en el Congreso del Estado, recordando un curioso episodio de la 65 Legislatura (2021-2024) siendo una de sus integrantes María de Jesús Díaz “La Chuya”, a quien vamos a evidenciar no por impuntual sino por reclamar la tardanza de sus homólogos, ya que basta recordar que en aquellos ayeres y ante el rezago acumulado, se optó por hacer más largas las sesiones y por ende citar más temprano, a las 9 de la mañana, para que no llegaran tan modorros. Total que aquella vez y pese a ya haberse cumplido la hora en que se suponía arrancaría la sesión, no había ni quórum para comenzar los trabajos, ante lo cual “La Chuya” con toda razón reclamó a los pocos presentes ¿por qué citan tan temprano si nadie va llegar puntual? reclamo totalmente justificado.
En fin, que esta situación sigue dándose, con sesiones que comienzan al menos media hora tarde, mientras que algunas y algunos legisladores se incorporan a sus trabajos una hora o más tras el arranque de la sesión.
Este jueves, si bien la sesión arrancó solamente con 23 minutos de rezago, sí fue notorio que varios legisladores llegaron un poquito después, no decimos quiénes porque Max Ramírez y Alma Hilda se enojan, y que conste que no andaban entretenido dando entrevistas como también ocurre a veces.
A ver si se toman más en serio eso de la puntualidad, no vaya ser si al rato se sancionan las tardanzas se anden quejando. Obvio no ocurrirá, no se van a dar un balazo en el pie.















