Aguascalientes, Ags.- El consumo de refrescos en México ha desplazado a productos básicos de la canasta alimentaria como la leche, generando una crisis de salud pública.
Mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) establece un consumo ideal de 180 litros de leche anuales por habitante para garantizar una nutrición adecuada, la realidad mexicana se queda corta con un promedio de apenas 130 litros.
Esta brecha nutricional se agudiza en estados como Chiapas, donde el consumo de leche cae drásticamente a solo 30 litros al año por persona, mientras que la ingesta de Coca-Cola alcanza niveles extraordinarios de 6 litros por semana, duplicando el ya elevado promedio nacional de 3 litros semanales.
Alfonso Ruiz Cobo, director de la Federación Mexicana de Lechería, ha señalado que este desbalance es un motor directo en el incremento de enfermedades crónicas como la diabetes y la obesidad.
El panorama se complica aún más con la proliferación de leches en polvo de baja calidad en el mercado nacional; estos productos, según advierte el directivo, carecen de los valores nutricionales esenciales para el desarrollo infantil, sustituyendo proteínas y calcio por fórmulas que no cumplen con los estándares necesarios.
La transición de una dieta basada en nutrientes a una saturada de azúcares procesados representa un reto estructural para el sistema de salud, que hoy enfrenta las consecuencias de una población que, ante la falta de opciones o regulación, elige el azúcar sobre la nutrición básica.
Esta sustitución de hábitos alimenticios no solo responde a una cuestión de preferencia, sino también a un problema de accesibilidad y distribución que ha permitido que las bebidas azucaradas lleguen a los rincones más remotos del país con mayor facilidad que los productos lácteos frescos. La falta de políticas públicas que incentiven el consumo de leche de calidad y regulen de forma más estricta la venta de sustitutos lácteos y refrescos está dejando a las generaciones más jóvenes en una posición de vulnerabilidad biológica, donde el crecimiento se ve comprometido por una dieta que prioriza el aporte calórico vacío sobre el desarrollo óseo y muscular.
Hoy por hoy, dijo que México es un país altamente consumidor de refrescos.















